lunes, 23 de marzo de 2009

Parte 4: Reunión

-Max, por favor, es menos gay.- El comentario irónico de Max hizo reír a su amigo turista. Para ser su primer encuentro se sitian cómodos, habían estado hablando varias horas vía Internet, pero los primeros encuentros siempre resultan embarazosos.

Max miro a su derecha y noto que sus dos amigos miraban impacientes. Él asintió con la cabeza cerro los ojos y trato de leer la mente de Gabriel. Era difícil mas difícil de lo que creía, nunca había usado su habilidad en un lugar con tantas personas, no sabía con claridad los pensamientos de quien escuchaba. Hasta que finalmente pudo escuchar los pensamientos de Gabriel. Sintió que no venía a Buenos Aires a lastimarlo, al contrario, estaba igual de asustado que él. Max miro nuevamente a donde estaban sus amigos y sonrío. Estos dos se acercaron corriendo.

-Ah me olvidaba, ellos son Katy y Diego.- Agregó avergonzado.

-Un gusto.- Dijo Gabriel con una sonrisa calida en el rostro. – ¿Qué les parece si vamos a un lugar y hablamos del asunto?-

-Creo que es mejor que te diga mi habilidad ahora mismo…- Aclaró apenado. Miro hacia los costados se acerco al chico de Santa Fe y con un susurro dijo: “Soy capaz de leer mentes”. Gabriel quedo unos segundos sin habla, tratando de procesar la noticia.

-Es fantástico…-

-Si, pero me parecía injusto no decirte que mientras me hablabas podía leer tu mente.-

-Hay que resaltar que eso es bastante noble de tu parte…- Max dio un salto de repente, sintió que el peligro se acercaba, era una sensación horrible, miro para todos lados en busca de algún peligro, era como si alguien le estuviese gritando dentro de su cabeza. Katy notó que algo andaba mal y lo tomo del hombro. Los dos miraron hacia atrás y vieron como un chico aparentemente de la misma edad que ellos se acercaban lentamente.

-¿Gabriel? –Pregunto el chico misterioso.

-¡Ey!- Gritó Max poniéndole una mano encima de su hombro, el muchacho le dio un empujo que lo hizo saltar mas de un metro.

-¿Quién sos?- Pregunto asustado Gabriel.

-Soy Bruno, vengo a pedirte que te unas a mí, estoy buscando gente con habilidades como la tuya-

-¿Qué? ¿Como me pedís eso después de lo que le hiciste a mi amigo?-

-¿amigo?... ¿esa mosca?- Bruno volteo para mirar a Max, quien se estaba poniendo de pie mientras todas las personas que pasaban lo miraban.

-Vas a ver quien es una mosca.- Se levanto del suelo sujetando su estomago, y corrió hacia su enemigo. Lanzo una ráfaga de viento que no le causo ningún daño.

-También tiene poderes.- Exclamó boquiabierto. –Te pido disculpas, no sabía de tu habilidad… En ese caso también estas invitado.-

-¿y si me reuso?- Pregunto con tono desafiante.

-Entonces voy a tener que matarte…-

-Quiero verte tratando- La gente empezaba a mirarlos, Gabriel y los demás estaba muy preocupados, alguien inocente podría resultar herido.

-Tenemos que irnos.- Susurro Katy en el odio de Diego.

-¡Hay que ayudarlos!- Gritó el enfurecido.

-Él quiere que nos vayamos…- Miró resignado a su amiga y corrieron.

Bruno golpeo a Max en el pecho nuevamente, pero esta vez pudo amortiguar la caída con una ráfaga de viento. Gabriel saco de su mochila la espada e intentó cortar a su rival, pero no pudo hacer nada.

-Son inútiles contra mí.-Exclamó mirando a sus dos rivales con despreció. Gabriel corrió tomando a su amigo de la mano.

Cuando llegaron a un de las tantas diagonales que cruzan la avenida Nueve De Julio vieron un gran contenedor de basura y se escondieron detrás del mismo.

-No puedo tocarlo.- Dijo Max agitado.-Hay que pesar algo.-

-No creo que tarde mucho en llegar…-

-¡tu habilidad!- Grito-¿Cuál es?-

-Puedo correr a gran velocidad… pero no creo que ayude con este.- afirmó desilusionado

-Lo superamos en número, esa es una ventaja- Exclamó llevándose la mano al mentón.

-Creo que tengo una idea…-

Bruno camino despacio hasta donde se encontraban sus objetivos. Al ver el contenedor se detuvo para analizar la situación. De pronto algo se acerco a toda velocidad e impacto en su brazo. Volteo y ahí estaba Gabriel sujetando su espada.

-Eso ni siquiera me lastima.- Dijo entre carcajadas.

El chico de la espada no se rindió al escucharlo, volvió a atacar pero esta vez lo golpeo en varias partes del cuerpo. Su enemigo trataba de esquivar los golpes pero era inútil. Al finalizar la serie de ataque,

-¡ahora!- Gritó Gabriel

Bruno estaba demasiado mareado como para atacar nuevamente. Levanto la cabeza y vio a Max parado enfrente de él. Se miraron fijo por un segundo y Bruno quedó paralizado. El chico telépata había tomado posesión del cuerpo de su rival.

-Creo que ahora sos solo una marioneta.- agregó celebrando su hazaña.

-No puedo moverme…- al terminar la frase él mismo se dio un puñetazo en la cara.

-Si no te vas ahora voy a hacer que te golpees hasta que quedes inconciente- Amenazó Max, pero antes de poder golpearlo nuevamente algo inesperado sucedió. Él vio como pasaba toda la vida de enemigo delante sus ojos. El rechazo, el encierro, y toda clase de cosas que vivió. Bruno dio un grito de furia y se soltó, Gabriel intentó detenerlo pero fue en vano, recibió un golpe que lo hizo estrellarse con una pared.

-Esperá…- Antes de pudiera terminar la frase. El chico psíquico fue derribado de una patada en su estomago. Cayó en el piso y al tratar de levantarse un dolor en su estomago lo detuvo, era como si le estuviesen clavando un cuchillo constantemente.

-Vi todo…- Dijo casi sin aliento.-lo que te pasó… lo vi todo…-

-¡No sabes nada!- Corrió pero esta vez lo golpeó en la cara.

-Te entiendo… Pude ver por todo lo que pasaste…- Agregó secándose la sangre de la boca.

-¡Nadie me puede entender!- Bruno ahora parecía aun más furioso que antes. Pero esta vez Max no iba a dejarse golpear. Cerro su puño con fuerza y cuando estaba apunto de recibir el próximo golpe hizo que el gran contenedor de basura se estrellara contra Bruno.

-Te dije que te vayas, mi próximo golpe va a ser peor.- Exclamó con una sonrisa de satisfacción. Pero antes de que pudiera seguir festejando el contenedor volvió hacía él dejándolo tirado en el piso.

Al recobrar el conocimiento Gabriel de inmediato atacó, aunque fue en vano. Un solo golpe bastó para dejarlo tirado al lado de su amigo.

-Voy a tener que matarlos.- Los ojos de Bruno parecían carecer de sentimientos. Cerró su puño y los miró por un instante.

-¡No!- Grito alguien casi llorando.

-Si vas a matarlos vas a tener que matarnos primero.- Dijo Diego temblando con Katy a su lado también asustada.

-¿Cuál es su poder?- Preguntó indiferentemente.

-Ninguno, pero de alguna forma te vamos a detener.-

-¡Es nuestro amigo!-Agregó Katy con firmeza.

Bruno quedó helado con la última frase, dos humanos comunes parecían no temerle, y estaban dispuestos a detenerlo.

Al mismo tiempo Max había logrado levantarse por tercera vez. Todos comenzaron a sentir una gran corriente de viento.

-¡Basta!- Dijo con un grito el joven que acababa de levantarse. La corriente de viento se había intensificado. Extendió su mano y empujó a bruno varios metros. Al verlo en el piso corrió para seguir golpeándolo

-Suficiente.- Una voz completamente desconocida interfirió en la escena. Max había quedado inmóvil incapaz mover un solo músculo. Al igual que su enemigo que tampoco podía moverse.

Gabriel se levanto usando la espada como soporte y vio a un chico que se acercaba lentamente.

-Hola, mi nombre es Adam. Voy a contar hasta tres y los dos van a poder moverse, solo si prometen no pelear.-

-1, 2, 3…- Finalmente los dos podían moverse.

-¿Quién sos?- Interrogó Max exaltado.

-Adam. Creo que no escuchaste…Necesitas ayuda con esa herida- Dijo señalando el estomago de Max. Un dolor insoportable invadió al chico que se encontraba en el suelo.

-¿Qué me hiciste?- Preguntó con un hilo de voz.

-Perdón… Pero las curaciones suelen ser dolorosa, tenía miedo que te desangres.- Aclaró con un tono sereno.

-¿Para que viene?- Preguntó respetuosamente Gabriel.

-Tengo lo que los tres están buscando… Respuestas.-

Fin de la parte 4

lunes, 16 de marzo de 2009

Parte 3: No tan común


Ya había pasado 30 minutos desde que entre a la sala de espera del consultorio del doctor Rivera. Estaba arto de esperar, pero valía la pena la espera. Él era uno de los mejores doctores de Santa Fe, seguro que sabía cual era mi problema.

-Gabriel Segura.- Dijo la enfermera. Me levante ansioso y entre a su consultorio. El doctor tenía una sonrisa muy calida en el rostro, eso me tranquilizó un poco.

-Dígame que le pasa.-

-Bueno… Estoy teniendo alucinaciones…-

-Es raro que alguien sea consiente de eso…- Exclamó pensativo. - ¿que es lo que ve en ellas?-

-Veo todo más lento… es decir soy capaz de hasta apreciar un segundo.-

-Interesante…-

-Eso no es todo, cada vez tengo más hambre, como demasiado y no engordo un solo kilo.-

-Bueno, me deja un poco desconcertado…-

-Y hay algo más.-

-¿Qué es?-

-Hace poco fui a un parque de diversiones, subí a la montaña rusa y no sentí nada… quiero decir que no sentí vértigo ni la sensación de velocidad.- Él se quedo pensando unos segundos y hablo:

-Además de esos síntomas que acaba de nombrar, ¿siente debilidad, cansancio, dolor de cabeza, o alguna molestia?-

-No creo…- El tomo su recetario y empezó a escribir.

-Voy necesitar una tomografía para descartar alguno problema neurológico, y análisis de sangre completos, cuando los tenga vuelva.- Nos saludamos con un apretón de manos y me fui.

Al día siguiente en la escuela no tuve más remedio que contarle todo a mi mejor amigo, Eduardo.

-¡Pero eso de comer y no engordar es bueno! Digo muchas mujeres matarían por una habilidad así-

-¡No! Eso es anormal, si como y no engordo es porque algo anda mal en mi organismo.-

-¿Y lo de la ilusiones?-

-¿Qué?-

-Como pasan.-

-No se… cuando me concentro haciendo algo… no puedo explicarlo bien.- El timbre hizo que nuestra charla terminara abruptamente.

No lograba concentrarme en clase, no paraba de pensar en mi enfermedad, y para colmo el tiempo parecía pasar mas lento de lo normal.

Salí de la escuela y fui de inmediato a la clínica, donde me realizaron los estudios requeridos por el Dr. Rivera. Así fue como pase toda la tarde, de un lado al otro haciéndome estudios médicos.

-Después de verlos exámenes puedo decir que sos el hombre mas saludable que paso por mi consultorio.- Bromeó el doctor.

-Pero algo tiene que andar mal.-

-Bueno, los estudios no muestran nada. Vamos a tener que esperar a ver si presenta otro síntoma.-

-esta bien…-

-Suena muy desilusionado para ser un hombre saludable.- Le devolví una sonrisa y abandone el lugar.

Sabía que algo estaba mal a pesar que el doctor me había dicho lo contrario.

Al pasar los días las alucinaciones se hacían mas frecuentes, es mas hasta era capaz de provocarlas, al mirar fijo en un lugar con el grado adecuado de concentración, podía crear la sensación de que el tiempo se detenía.

De a poco me convertía en un ermitaño, me refugiaba en mi cuarto a escuchar música en soledad y a navegar por Internet.

Un día mientras trataba de conocer gente, encontré una chica que tenía un problema similar al mío, ella me inspiraba confianza, por eso termine contándole mi historia. Cuando pensé que ya no podía encontrar más gente con buenas intensiones, encontré un chico de Buenos Aires, al cual también le conté mi problema. Ambos se mostraban compresivos, eso me ayudo bastante, pero no podía estar todo el día en mi habitación. Eduardo ya empezaba a preocuparse. Por eso un día después de la escuela decidimos ir a caminar por el centro.

Mi amigo estaba algo callado, no parecía el de siempre, y era lógico, yo había descuidado bastante nuestra amistad.

-Te tengo que preguntar algo.- Dijo Eduardo bastante asustado, lo podía notar en el tono de su voz.

-Pregunta…-

-¿Te encerrás porque estas mal por lo de la enfermedad?-

-Algo así…-

-Tal vez te pueda ayudar…-

-¡No!- Grité algo enojado. –Nadie puede ayudarme, los únicos que me entienden son mis amigos de Internet.-

-Bueno yo solo quería ayudar.- agrego apenado. Yo me sentí terrible al ver su rostro.

-Perdona… Vos no tenes la culpa, es que lo de las alucinaciones me saca de quicio.-

-Bueno te entiendo…-

-Es mas ya elijo cuando tenerlas, puedo hacerlo en este mismo momento si quiero.- me concentre y todo empezó a verse mas lento, podía apreciar cada fracción de segundo, la gente que pasaba, los autos. Pude hasta ver como un bebe dejaba caer uno de sus juguetes, claro que antes de que este caiga al piso lo agarre. Cuando note lo que había hecho mire Eduardo que se había quedado estático. La madre del niño nos miro aterrada y se fue corriendo

-No frenas el tiempo… vos te movés más rápido.-

-¡Eso es increíble!- Gritó mi amigo, una vez ya en mi casa.

-No lo es.- lo interrumpí tratando de calmarlo.

-¡Si! Imaginate lo que podes hacer con una habilidad así.-

-Basta. Dije tomándome la cabeza. No entendía lo que pasaba, todo me daba vueltas, no recordaba haber estado tan asustando alguna vez en mi vida.

-¡Todo tiene sentido ahora! Comes mas porque necesitas mas calorías… y por eso no engordas…- Exclamo bastante emocionado.

-Y por eso tampoco siento vértigo…- Algunas cosas comenzaban a aclararse, y eso me tranquilizaba un poco, pero todavía quedaban muchos interrogantes.

-Tenes que entrenar tu poder.-

-Si, pero primero necesito respuestas…- Sin hablar me senté en la computadora con la intención de enviarle un e- mail a mi amiga que se encontraba en una situación parecida, sin embargo cambie de parecer. De casualidad vi un e- mail de mi amigo Maxi de Buenos Aires.

¡No puedo creer lo que me estas diciendo! Creo que estoy pasando por algo bástate parecido, me gustaría contártelo en persona, si no tenés problema deberíamos vernos, yo estaba planeando un viaje a buenos aires. Cualquiera sea la respuesta espero leerla lo mas pronto posible.

Gabriel.

-Tengo que ir a Buenos aires…-

-Con mas razón tenes que entrenar tus poderes.-

Mientras esperaba la respuesta de mi amigo Maxi, con Eduardo buscábamos la forma se sacarle a mayor jugo posible a mis poderes. Descubrimos que si llegaba a envestir una persona podría llegar hasta matarla, lograba alcanzar velocidades muy elevadas. Nunca supe exactamente cuan veloz era, no teníamos forma de medirlo, Pero yo calculaba que podía superar a un auto corriendo.

Además de tener una gran velocidad, poseía una resistencia física sobre humana, corría varios kilómetros por la ruta sin cansarme ni un poco. Lo que mas me impresiono no fueron las habilidades que iba descubriendo cada día, sino que fue Eduardo, me acompaño en todo momento. No me alcanzaban las palabras para mostrar mi gratitud.

-Creo que el próximo paso es que aprendas a esquivar balas.- Dijo un día mi amigo. Yo afirme con la cabeza, y el saco un arma con proyectiles de plástico y comenzó a dispararme. A pesar de mi velocidad no lograba esquivarlos todos.

Ya había pasado media hora de entrenamiento, y todavía seguía igual. De pronto comenzó a llover, él salio corriendo y se refugió debajo de un árbol, por otra parte yo quede inmóvil pensando bajo la lluvia. Y luego entendí todo, me concentre y vi como caigan las gotas de agua, podía apreciar a la perfección como se estrellaban contra el suelo, y como algunas eras desviadas por el viento. Entonces fue cuando empece a esquivar la lluvia. Claro que no podía esquivar todas las gotas, y masa corporal me lo impedía, pero si era capaz de eso, ya era capaz de esquivar balas.

Un día antes de partir, Eduardo llego a mi casa con un regalo. Era una espada de las que usaban los samurais.

-No puedo aceptar este regalo…- Dije algo apenado.

-Entonces tómalo como un préstamo.- Lo mire fijo y asentí con la cabeza. Esa tarde preferí no entrenar, nos quedamos hablando cosas sin sentido y haciendo chistes absurdos.

Al día siguiente me fui de santa fe, mis padres no sabía a que iba, preferí mantenerlo en secreto. Ellos se preocuparían y no era mi intención esa. Cuando me subía al micro tuve ganas de llorar en un principio, pero no lo hice, porque sabía que iba a volver.

Fin de la parte 3

martes, 10 de marzo de 2009

Parte 2: Chico Fuerte

Tenía cinco años cuando aterroricé un pueblo entero. Cuando fui condenado como el criminal mas grande, cuando fui condenado al encierro y aislamiento total.

Solo les tomo ocho años arruinar mi vida, y convertirme en lo que soy ahora: una simple herramienta.

Todo empezó en la época que tenía amigos. Estábamos jugando fútbol cuando un chico más grande vino a robarnos la pelota. Seguramente el quería hacer alarde de su masculinidad frente a sus amigos, no era un verdadero ladrón, en ese entonces no lo vi así. Recordé de los comics que admiraba y en un acto heroico le quite el balón de las manos. El abusador, bastante desconforme con mi acción, me lanzo un empujón que me dejó tirado en el piso. Me levante rápidamente e impacte su pecho con mi puño. Sentí una sensación rara en mi mano, cuando la mire estaba cubierta de sangre. Podía tocar su corazón con mis dedos, saque la mano y quede mirándola atónito. El otro chico calló al piso de inmediato. Corrí a pedir ayuda, pero era inútil, él ya había muerto.

Yo fui encerrado en un sótano bajo llave. La única visita que recibía era la del hombre que me traía comida dos veces al día. El la apoyaba en el suelo y se casi iba corriendo. Yo no planeaba lastimar a nadie, pero todos me veían como el monstruo del pueblo. Después de estar dos años encerrado, ya había olvidado mi nombre e inclusive el de mis padres. Poco a poco estaba perdiendo mis cualidades de ser humano.

Un día las cosas cambiaron, el hombre que me alimentaba renuncio y apareció otro más amable. Este se animaba a hablarme, hasta disfrutaba hablar conmigo,

-¿Por qué estas encerrado?- Preguntó el hombre un día.

-¿No sabe la historia?- Inquirí desconcertado.

-Claro que la se, la se a la perfección, por eso mismo me pregunto.-

-Disculpe pero no entiendo.-

-Tu fuerza sobrepasa los limites que el hombre común conoce, con tus manos podes derribar estas rejas y escapar. Por eso me pregunto… ¿Qué haces encerrado?-

-¿A donde iría? Mi familia me abandono ni siquiera tengo un nombre.-

-Vivirías comigo, viajaríamos, y buscaríamos gente como vos.- Si había mas gente como yo no tendría la necesidad de estar solo. Por lo que decidí seguir escuchándolo.

-¿Cómo escapo? no se utilizar mi poder.-

-Voy a volver en una semana, si realmente queres usar tu habilidad esta va a salir sola a la luz, solo necesitas concentrarte.-

Cuando el hombre se retiro, tome una piedra que encontré en el suelo y la presione con mi mano lo mas fuerte que pude. Pero esta no se rompió, ni siquiera pude hacerle una grieta. Pase todo el día tratando de romperla, hasta que por fin conseguí hacerle una rajadura.

Poco a poco empezaba a entender como utilizar mi don, romper piedras con la mano era cosa fácil, necesitaba un desafío más grande, pero mi celda me limitaba demasiado. Hasta que me di cuenta que podía practicar doblando y enderezando los barrotes de la reja. Los guardias nunca lo notarían, ya que ellos no se atrevían a mirarme.

-¿Estas listo?-Pregunto el hombre. Yo afirme con la cabeza asustado.-Yo te voy a esperar a fuera con un auto, vos vas a romper la reja y te vas a escapar.-

-¿y si me disparan?-

-Las balas no te hacen nada, y recorda si tenés que matar a alguien lo matas…- Mi sangre se heló por completo, mi intención no era matar nadie, a pesar de que ya lo había hecho por accidente.

-¡No quiero matar a nadie!- Grite casi llorando.

-Es lo que hay que hacer, ¡ellos querían matarte! No lo hacen porque no pueden, solo sos el monstruo del pueblo.- Las palabras del hombre quedaron sonado.-Me tengo que ir, apurate.- Él salio corriendo, espere un rato y comencé mi escape.

Apoye mi mano sobre la reja de la celda y la rompí con facilidad, uno de los guardia me vio y disparo dos veces en mi pecho. Pude sentir como me quemaba el plomo, mire hacia abajo y comprobé que la bala no había penetrado. Empuje al guardia con fuerza y este impacto contra la pared y cayó inconsciente al suelo. Otros dos se acercaron, pero al verme dejaron sus armas el piso y corrieron. Subí al auto del hombre y los dos escapamos del pueblo.

Luego de un tiempo descubrí que su nombre era Marc, también supe que había escapado de centro America en busca de gente como yo.

Así fue como pase los últimos años de mi vida escapando de pueblo, y rastreando posibles jóvenes dotados. Mi tarea era ganarme la confianza de los sospechosos y tratar de descubrir si poseían alguna habilidad. Visitamos más de doscientos pueblos y alrededor de cincuenta ciudades, y cada vez que cambiaba de ubicación debía cambiar mi apellido. Mi nombre siempre era el mismo “Bruno”. Mientras viajábamos iba entrenando y aprendiendo artes marciales, mis poderes serian inútiles si no supiera como atacar con efectividad. Mis músculos eran más duros que los de cualquier ser humano normal, no podía ser penetrado por algunas balas ni por armas blancas.

Mientras más tiempo pasaba con Marc nuestra relación iba empeorando, yo cada vez era más cerrado, ya casi no hablaba, solo cumplía mis misiones y me acostaba a dormir.

Cuando cumplí diecisiete, Marc llego a nuestra casa con una idea innovadora. Rastrear gente por Internet, mi tarea era fácil ganarme la confianza de las personas hasta que alguna me cuente de sus poderes.

-Estoy arto de buscar.- Exclame un día furioso.

-vos querías respuestas, ahí las vas a tener.-

-Quiero usar mis poderes, quiero vengarme de mi pueblo.- Marc sonrío

-Es no sería mala idea… Pero primero necesito que encuentres gente.-

-¿Cuánto tiempo paso hasta que me encontraste?-

-Años… sos como una bendición.- No hable mas con el, sabia que todas sus palabras eran mentira. Pero decidí seguir con la búsqueda, Marc era la única persona que no me temía.

Un día un de las persona con las cuales hablaba por Internet me envío un mensaje desesperado. Algo estaba pasando con el, pero no sabía a quien contárselo. Respondí el mensaje de inmediato, imprimí el mensaje y se lo mostré a mi compañero.

-Necesitamos la dirección-

-Eso va a ser fácil.- Envíe el mail contándole que me pasaba algo parecido, pero que necesitaba hablarlo en persona con él. Pero no respondió hasta dentro de unos días.

-¿Te dijo la dirección?-

-No, pero eso no importa ahora, se va a buenos aires, tenemos que encontrarlo ahí-

-Perfecto.- Dijo con una sonrisa.

-¿Y cual es el plan?-

-Encontras a tu objetivo, le decís que se una a nosotros y si se reusa mátalo.- Salí corriendo de la habitación, con Marc siguiéndome, el trataba de detenerme pero yo no planeaba frenar, Salí a la calle donde la tormenta me estaba empapando. – No pienso matarlo-

-Pero es un riesgo dejarlo vivo, el sería la única persona que podría matarte…- Él tenia razón, la única persona que podría llegar a ser rival para mí era ese chico. Debía matarlo si era necesario.

Fin de la parte 2